
Hace 2 años viajando por el sur de la República Checa a escasos kilómetros de la frontera con Austria, descubrimos Valtice. Es un pequeño pueblo Patrimonio de la Humanidad por su famoso castillo barroco. Hay una senda kilométrica que lo une con Lednice otro pueblo muy chulo y también con castillo. Entre ambos pueblos se suceden una serie de construcciones imponentes y jardines, todo este espectacular conjunto es lo que les ha otorgado el prestigioso galardón.
Recuerdo que era fin de semana, la carretera de acceso estaba en obras y había una marabunta de gente en coches particulares y montones de buses con turistas. Tuvimos que aparcar en un arcén en las afueras, lo que nos vino genial porque descubrimos el pueblo y luego nos adentramos en el inmenso patrimonio monumental. Bajo un calor aplastante nos refugiamos en un pequeño cobertizo dentro del patio del castillo y allí nos topamos de bruces con una enigmática piedra decorada con un sonriente ángel. Nos pareció en aquel momento un hallazgo casual y aunque tenía un nombre y unos números en la parte trasera, no le dimos más importancia y pasó a formar parte de nuestro cofre de tesoros nómadas.

Hace unos meses recorriendo pequeños pueblos perdidos de El Bierzo, una conversación casual con un peregrino hizo que aquella misteriosa piedra pintada volviera de nuevo a nuestras vidas. Lo que aquel hombre nos contó nos puso en la pista de una maravillosa historia que hoy os vamos a contar. Y como somos curiosos infatigables nos pusimos a tirar del hilo hasta llegar a la verdad. Y esta historía minúscula pasó a formar parte de nuestra colección de saberes varios y como muchas otras veces, a las semanas pasó al olvido. Hasta que hace unos días, una amiga que tiene una tienda de ropa subió a su instagram una foto de otra hermosa piedra pintada que había aparecido en la verja de su negocio. Y 2 años despues, esta serie de fortuitos acontecimientos nos han traido hasta esta entrada de nuestro blog. Material de 1ª para nuestra afamada sección Espíritu Vanderule.
Pero vayamos por partes. Determinar los orígenes de algo siempre es complicado y más cuando se trata de una práctica contemporanea y un poco loca. Pero hemos estado investigando y hemos llegado a varias conclusiones. Está claro que en la época actual, todo está globalizado y las tendencias van y vienen de un lado a otro del globo a una velocidad de vértigo por lo que es muy difícil ser preciso en conjeturar quien fue el primero y donde ocurrió. Pero en el fondo esto nos da igual pues ambos orígenes coinciden en intenciones y filosofía, incluso en el año, 2015. Lo único que las diferencia es que una ocurrió en EEUU y la otra en Europa.

Imaginemos un castillo imponente como el de Valtice o una fuente rudimentaria en pleno Camino de Santiago o una ermita rural medio abandonada, incluso la persiana de una tienda de ropa moderna y elegante. Todos estos y muchos más, pueden ser los escenarios por donde multitud de pequeñas piedras pintadas descansan de su silencioso viaje a través del mundo. Todas son hermosas, todas son mensajeras de la bondad, de la alegría, de muchos sentimientos positivos que sus creadores pusieron en ellas con la intención de hacer un poco mejor la vida de desconocidos de lugares lejanos.

En Cape Cod, EEUU en 2015, Megan Murphy en plena crisis existencial se daba grandes caminatas por la playa de Sandy Neck en busca de respuestas y consuelo a sus problemas. Le encantaban las piedras y se evadía de sus preocupaciones buscando algunas con formas raras o curiosas, como un triángulo, un corazón o un círculo casi perfecto. Y de pronto, sin saber muy bien por qué ni por qué no, se vio escribiendo mensajes esperanzadores como los que le hubiera encantado encontrar a ella en aquellos largos recorridos por la playa.
El primer día decoró 5 que fue dejando en sitios estratégicos de los alrededores. A los días, una conocida que sabía que paseaba por aquel arenal habitualmente se topó con una y le mandó un mensaje: «Si fuiste tú quien dejó esto, gracias, me has alegrado el día». Ese momento lo cambió todo. Murphy comprendió el poder de un mensaje en el momento adecuado y nació The Kindness Rocks Project. Lo que empezó con cinco piedras en una playa se ha convertido en un fenómeno internacional presente en más de 25 países.

Simultáneamente en Europa y también en 2015 la artista holandesa Andrea Haandrikman-Schraets , puso en marcha un proyecto artístico basado casi en el mismo concepto que su colega americana. Aunque las diferencian pequeños detalles a la hora de organizar y controlar el viaje de las piedras, el espíritu y filosofía de ambos proyectos era el mismo. Y no hay que decir que a partir de estas 2 ideas pioneras han surgido montones de grupos similares por muchos países del mundo coloreando piedras.
La idea básica es crear una cadena de bondad anónima donde cada piedra actúa como un pequeño faro de esperanza. Si en EEUU se ponían frases motivadoras, en el resto del mundo se lleva más el dibujo alegre y optimista, si bien las posibilidades son infinitas, siempre en la mano del autor. Pero veamos cuál es el proceso a seguir. Por supuesto, hemos de encontrar las piedras, que deberán ser planas y con una superficie adecuada para escribir o pintar. No hace falta ser un artista consagrado ni un profesional; hay gente que usa pintura acrílica y otros un simple rotulador, hay caligrafías elaboradas y otras infantiles; todo tiene cabida en nuestras piedras.
En la parte posterior se coloca un hashtag o una dirección del grupo de Facebook con la intención de poder ponerse en contacto una vez encontrada. Se deja la piedra en un lugar público, accesible, donde pueda ser encontrada. Y una vez que se da la magía del encuentro fortuito, el afortunado descubridor puede quedársela, sacar una foto y compartirlo en redes sociales o reesconderla en otro lugar para que la piedra y su mensaje o dibujo, alegren la existencia de otra persona.
La belleza del movimiento radica en su espontaneidad. No hay reglas estrictas, no se necesita un talento artístico excepcional y la recompensa no es el reconocimiento, sino saber que, en algún lugar, alguien sonreirá al encontrar tu piedra, que no es poco. En el caso de Europa, era una artista la que empezó con esta especie de intervención artística itinerante, por lo que todas las piedras eran obra suya y además circunscribió todo a un espacio, a una ruta concreta. Con el paso del tiempo ha ido creando más rutas y pintando muchas más piedras.

La Cruz de Ferro es un crucero que se encuentra en el Camino de Santiago a la altura de Foncebadón, a 1500 metros sobre el nivel del mar. Y fue allí haciendo una ruta con la autocaravana desde Molinaseca hasta Santa Colomba de Somoza, por una carretera estrecha y en mal estado, con una niebla y una lluvia pertinaz que nos dificultaba aún más la conducción, donde descubrimos aquel poste de madera de 5 metros y donde nos paramos a entrar un poco en calor. Nos sorprendió ver la cantidad de piedras que había en la base de la cruz y en los alrededores. Intrigados, bajamos a verlo de cerca y de paso charlar con algún peregrino que se refugiaba en el voladizo que hay al lado. Albert nos contó que había varias historias, versiones, como siempre sucede con estas cosas, sobre el origen de aquella enorme cantidad de piedras.

Nos habló de que cuando aún no se había acabado de construir la catedral, era común entre los peregrinos llevar piedras y que, al ser este el punto más alto del Camino, agotados las dejaban allí, en la cima. Otros atribuyen el origen de aquella costumbre a los romanos, a los celtas, a los segadores gallegos que iban hacia Castilla, a sabe Dios quien, hay mil versiones diferentes. Nuestro informante nos cuenta que él le da mayor verosimilitud a aquella que dice que, ante la relativa cercanía de la meta, los peregrinos depositaban las piedras como símbolos de sus pecados, sobre los que habían estado reflexionando durante toda la ruta, para así llegar limpios ante el apóstol Santiago.
Tras más de 20 años haciendo el Camino en sus diferentes recorridos, incluso el de San Olav desde Noruega, dice que ha visto montones de cosas diversas con piedras. Desde la típica pirámide, letras o frases hasta piedras de gran tamaño o árboles pintados con la típica concha, símbolo de la ruta jacobea. Cuenta que en muchas zonas donde el camino no está tan bien señalizado, históricamente se usaban en los cruces piedras pintadas con distintos mensajes para indicar al caminante la dirección correcta.
Después de unir todas las piezas de este pequeño puzzle, estamos convencidos de que el origen de las piedras pintadas se remonta a la Antiguedad. Entonces tenía una intención práctica y también arrancaba una sonrisa al que la encontraba al saber que no se iba a perder.

Aunque el acto de dejar piedras es físico y anónimo, existe una vibrante comunidad en línea. Los grupos de Facebook sirven como espacios para compartir creaciones, documentar hallazgos y contar historias de cómo una piedra llegó en el momento perfecto. El hashtag #TheKindnessRocksProject conecta millones de publicaciones en Instagram. Incluso Megan Murphy ha creado kits de pintura y ofrece talleres, donde cualquiera puede participar sin registrarse ni pagar nada. Incluso el fenómeno ha tomado caminos insospechados; los «inspiration gardens» son espacios públicos donde se agrupan decenas de piedras pintadas para que la gente visite, se inspire y, si lo desea, tome una piedra para continuar su viaje.
Los movimientos de decorar piedras viajeras van más allá de una mera expresión artística, ya que crean conexiones reales entre extraños que no se conocen y comparten un momento inesperado. Estos hallazgos fortuitos son pequeños antídotos contra el pesimismo; el acto de crear algo hermoso, aunque sea simple, tiene un poder transformador, como todas las creaciones artísticas. El escribir frases inspiradoras lleva al que la encuentra a querer crear la suya propia y continuar con la cadena. Os recomendamos que os animéis a pintar y a depositar vuestras creaciones cuando visitéis un sitio hermoso, un monumento, durante un viaje o en cualquier desplazamiento. Os garantizamos que la satisfación será doble, vuestra y del afortunado que la encuentre.
Así que haced una lista de tareas con piedras lisas y bonitas, pintura acrílica o rotuladores permanentes, tal vez un sellador transparente para proteger tu diseño de las inclemencias del tiempo, un poco de creatividad y sobre todo buenas intenciones. El 3 de julio es el Internacional Drop a Rock Day, así que tenéis tiempo para pensar vuestros diseños, consignas y dónde y cuándo las vais a depositar en el camino.
En un mundo que a menudo parece fragmentado y frío, el movimiento Kindness Rocks nos recuerda una verdad fundamental: los pequeños gestos importan. Una piedra pintada con amor puede no cambiar el mundo entero, pero puede cambiar el mundo de una persona que la encuentra justo cuando más lo necesita. A veces, los movimientos más poderosos nacen de los actos más simples: un paseo por la playa, un rotulador en el bolsillo y la voluntad de dejar algo hermoso para un desconocido.

Ahora que hemos recuperado de la guantera de nuestra autocaravana la hermosa piedra de Valtice con un rubicundo ángel risueño que nos mira y después de haber escrito este post, tenemos claras varias cosas. Una que el querubín debe seguir su ruta y en nuestro próximo viaje lo devolveremos al camino. Y otra, que ha llegado el momento de pintar nuestras piedras y repartirlas por el globo durante alguno de nuestros viajes, porque en el fondo todos somos peregrinos buscando señales. Y a veces la señal que necesitamos es tan simple como una piedra pintada con un mensaje que diga: » No estás solo. Sigue adelante. Todo irá bien».
¡Qué iniciativa más bonita! Lo cierto es que hemos encontrado piedras pintadas por ahí en más de una ocasión, pero nunca pensamos que pudiera haber un movimiento como este detrás. Nos ha encantado. Y ahora nos está apeteciendo pintar piedras también, jejeje 🙂
Nosotros al vivir a un paso del mar tenemos toneladas de piedras perfectas para irlas repartiendo por el mundo adelante. En unos días nos vamos y nos llevamos el ángel para liberarlo en algún sitio guapo. Gracias por comentar y mandar foto si pintáis alguna. Abrazos