
Otro verano más que salimos sin rumbo. Hemos tenido varios problemas mecánicos y se ha roto el boiler. Pasamos un mes en nuestro querido Portugal mientras esperamos la pieza. Por fin después de celebraciones varias y visita al mecánico salimos el día 23 de Julio. La salida siempre es un rollo gigante. Y aunque lo tenemos todo + o menos mecanizado siempre da una pereza cósmica. Así que avanzamos hasta Navia en Asturias. Descubrimos que está hasta la bola. El área de autocaravanas y el pueblo han sido invadidos por turistas. Lógico y habitual, por otro lado. Reflexionamos tomando unas cañas y decidimos emigrar del tirón hasta Francia al día siguiente.

Llegamos hasta Sauveterre-de-Bearn despues de cientos de kms. Aún no sabemos a dónde vamos. Pero tenemos claro que iremos rumbo norte por carreteras secundarias y sin prisa. Sospechamos que debido al parón de 10 días en A Coruña, nos está costando pillar el ritmo. También hace calor y la masificación de Navia, nos asustó un poco. Aquí, en el spot del colegio, hay más gente de lo habitual pero todo es distinto. La gente ha sacado discretamente mesas y sillas. Los niños juegan en los campos de deportes y se escuchan grillos y pájaros. Se forman tertulias, se bebe vino, sopla una brisa. Todo es más natural y relajado. Un poco más europeo, tal vez…
Nos levantamos sin ganas de conducir y vamos a Tarbes. Hacía tiempo que no íbamos y siempre es un destino muy chulo. Aunque llueve, recorremos el parque Massey. Luego nos empapamos de la atmósfera y espíritu frances tomando algo en una brasserie. En el área nos conocen y nos dejan salir a la hora que queramos. Aprovechamos la mañana soleada del día siguiente para tomar el pulso a la ciudad. Hay un evento internacional de equitación en las Haras, un festival de danzas del mundo anima el centro. Hacemos una ruta de 16 kms por el río. El CaminAdour es una actividad imprescindible si se visita la ciudad. Un sendero ideal para hacer andando o en bici, pegado al río. Después de comer buscamos spot para pasar la noche aún sin destino decidido.

Acabamos en Cologne, el típico destino slow, con un área de autocaravanas increíble. Tiene electricidad gratis, duchas, tranquilidad monástica y mucho flow. El pueblo es una pequeña bastida, con 4 calles y un trazado geométrico. Ayudamos a buscar un gato que se ha escapado de una casa. En el cementerio descubrimos la tumba de un Delibes. Y sin querer nos enteramos de una historia alucinante. Adoramos este tipo de pueblos, por eso seguimos sin destino fijo y sin remordimientos.
El guionista nos lleva hasta Bozouls y a su área bajo árboles y con unas vistas de lujo. Vuelve el calor, sacamos mesa, toldo y hacemos campamento para un par de días. El pueblo es una locura, con dos zonas separadas por un barranco profundo y un río. Toca hacer rutas, subir y bajar mil veces, recorrer el río Dourdou, descubrir rincones y disfrutar de su naturaleza salvaje. También ver la vida pasar, hacer algunos arreglos y convencernos haciendo el aperitivo, que el «no plan»es siempre la mejor opción.

Pillamos la Meridienne, la A75, una de las pocas autopistas gratuitas de Francia. El calor es asfixiante y mirando el mapa, nos acordamos de Champeix y su área cerca del río con una sombra legendaria. Luego pillamos un sendero hasta Montaigut-le-Blanc para disfrutar de varias zonas de baño. Por la tarde vamos al pueblo. Nos encanta recorrer sus callejones, sus pasadizos, sus puentes sobre el Couze que en verano va flojo. Y descubrimos que hay mercado nocturno. Eso siempre es un buen plan, hay un ambiente festivo y bastante gente. Tomamos unas cañas en el Tabac. Cenamos libanés y paseamos hasta las tantas esperando, sin éxito, que baje el calor.

Nos vamos a Digoin una especie de isla, rodeado de puentes y de ríos. Vamos a ver su puente canal, que es una espectacular obra de ingeniería y también una belleza. Nos encantan los canales. La lluvia nos pilla de pleno y nos da igual. Por fin algo refrescante. Vamos hasta Dole, la Venecia del Jura, que tiene un spot gigante con grandes vistas. Es la típica ciudad que siempre apetece visitar. Canales y monumentalidad. Y una ruta urbana muy top, siguiendo a un gato.
Y además había un fiestón popular en el Cours Saint-Mauris. Puestos de bebida y comida, una charanga muy muy divertida y montones de gente pasándolo genial. Sorpresas veraniegas que te arreglan el día. Aún tuvimos tiempo de visitar el Northwich, nuestro bar favorito. Y descubrir una iglesia brutalista en un barrio y el nuevo sendero por el canal del Ródano-Rhin. A poco que escarbes, siempre encuentras cosas interesantes, aunque hayas estado media docena de veces antes.

Como continúa el calor, recorremos el río Doubs buscando sitios para bañarnos. Descubrimos Rochefort-sur-Nenon, una maravilla slow, con varias islas y playitas secretas. Hacemos la nutria toda la mañana en una especie de paraiso. Hay un sendero pegado al río con esclusa y una pared vertical, un cortado kilométrico. Sobre ella hay una pequeña iglesia y varios senderos. Nos encanta descubrir los secretos escondidos de un destino que parecía poco atractivo. Resulta ser una pasada, lo anotamos en la agenda y volveremos seguro.
Visitamos otros pueblos pequeños de la zona con desigual éxito. Y por la tarde, casi sin querer, acabamos en Nancray. Un spot fantástico en un prado, junto al Musee des Maisons Contoises. Una especie de museo etnográfico al aire libre. El pueblo es insignificante pero perfecto para pasar dos días. Descubrimos la ruta del Chene President un roble fulminado por un rayo, sencilla pero muy bonita. Pintamos 2 piedras viajeras. Hay también una cervecería artesanal Biere du Doubs y un Tabac, el centro social de cualquier destino slow en Francia. El dueño nos invita a unas «tapas». Flipa que 2 gallegos viajeros hayan acabado allí. No tenemos más remedio que hablarle del guionista y del slow travel. Y por supuesto tomarnos otras…

El calor continúa sin dar tregua. Nos vamos a Vesoul, a su lago. Una idea reguleras porque la playa, como muchas otras del estilo, está llena de algas. Son los estragos del calor infernal de los últimos años, pero nos bañamos igual. Después ponemos rumbo a Plombieres-les-Bains, una de las grandes sorpresas del viaje. Una ciudad termal impresionante. Un punto decadente pues han ido cerrando todos los establecimientos en los últimos años. Pero repleta de historia y de edificios monumentales.
El spot está enfrente de un casino y unos jardines. Hay fuentes, lavaderos, parques, hoteles inmensos abandonados y mucha historia. La ciudad de los 1000 balcones, le llaman, donde ver y ser visto era obligatorio. Admiramos imponentes edificios Art Decó. Napoleón y Josefina y montones de personajes históricos pasaron por aquí. Hacemos una ruta por las laderas de la montaña. Descubrimos jardines, depósitos de agua, canalizaciones, huertos en terrazas y grandes vistas. Qué maravilla!!!.
Al día siguiente vamos a la Cascada de Faymont, con un spot muy chulo. Y acabamos en Remiremont, donde toda esta aventura, dará un giro inesperado. Pero esa es otra historia.
