
En la última entrega del culebrón checoslovaco habíamos salido de Eslovaquia y vuelto a Bernhardstahl. Este insignificante pueblo austríaco a escasos kms de la frontera nos ha robado el corazón. Y cuando entran en juego este tipo de sentimientos no hay explicación posible. Nos encanta y punto. Seguro que a muchos de vosotros os ha pasado algo parecido alguna vez. Y allí nos tiramos un par de días que dedicamos a no hacer nada en un spot de ensueño. Al día siguiente se nos ocurre buscar unos misteriosos pozos petrolíferos que nos pareció ver desde la carretera.
A lo tonto, vamos escarbando en este minúsculo territorio y demostrando empíricamente, que cuando viajas slow, ganas siempre. Volvemos a los 2 bares de pueblo, donde nos recuerdan, 2 guiris españoles son rara avis x allí y donde se extrañan de que hayamos vuelto. Y como nos cuesta explicarlo, bebemos cervezas, brindamos y sonreímos mucho. Llevamos 40 días entre Chequia y Eslovaquia, y aunque aún no lo sabemos, el viaje al menos por esta parte del mundo está llegando a su fin.

Después de nosecuantos días de buen tiempo, empieza a llover tipo diluvio. Hacemos una lavadora en Brno que es un caos debido a las tormentas y a las obras. En Olomouc la lluvia es aún peor y ponemos rumbo a Sternberk que es + pequeño y aunque la lluvia no da tregua, nos aventuramos a callejearlo. Y nos sorprende encontrar una orquesta de jazz tocando bajo un toldo en el centro. Y después de empaparnos un buen rato, decidimos ir a un pivo a tomar unas cervezas mientras vemos los JJOO. Menos mal que el spot está bastante protegido para dormir, ante una lluvia eterna que parece no va a parar nunca.
Y aunque llueve tomamos al asalto Olomouc y aparcamos junto a las piscinas. Nos han hablado tanto y tan bien, que no podemos dejar pasar esta oportunidad. Y la verdad es que nos encanta. El río Morava, sus calles y amplias avenidas un poco tipo francés, los parques, los tranvías, la agitación de las grandes urbes, el centro con catedral y reloj astronómico. Los edificios monumentales se mezclan con otras propuestas arquitectónicas + contemporáneas y arriesgadas. Se nota que es una ciudad viva, estudiantil, moderna. Y la disfrutamos un montón. Entra a formar parte del top 5 checo, seguro. Y como el clima está majara, aquí y en todas partes, nos advierten que se viene ola de calor durante 2 semanas. Así que decidimos dejar la zona de Ostrava para otra ocasión y avanzamos hacia el oeste, donde medio de chiripa descubrimos otra perla slow llamada Svitavy.

Tiene un área de autocaravanas con electricidad gratis que está genial, algo inusual en Chequia os lo garantizamos. Y el pueblo resulta ser otra maravilla, con una plaza muy alargada repleta de soportales. Y muchos edificios burgueses por los alrededores. Nos soplan que hay unos lagos con una pequeña playa y allá vamos, atravesamos el pueblo callejeando y los descubrimos. No son muy grandes pero están repletos de rutas, hay una circular que los rodea. La playa, pues bueno, pues vale, 4 metros de largo. Hay un spot muy chulo para dormir pegado al agua.
Al regresar descubrimos un animado pivo, con mesas enormes y compartidas. Está todo el pueblo y allí nos vamos compartiendo mesa y un sistema muy peculiar donde te anotan en un papel el precio de lo que consumes. Al final pagas todo lo anotado. La verdad, nos costó entenderlo porque sería algo impensable en cualquier parte de España. Entras, pides, te sacas las consumiciones a la terraza con una tira de papel con números. En tu mano está volver a pagar. Confianza plena en el vecino, en el cliente, nos encantó. Y qué bien lo pasamos un viernes noche degustando aquella birra local que estaba buenísima. Allí nos enteramos que este pueblo es el hermano feo, de uno próximo llamado Litomysl. Confirmamos que Chequia tiene una cantidad de pueblos hermosos casi infinita.

Y Litomysl no decepciona, enamora porque es precioso y lo sabe. Además en nuestros apuntes tenemos subrayado un museo de art brut que no nos podemos perder. Aparcamos en un spot muy tranquilo y con sombra. Nos vamos al museo Josef Vachal, que aunque es pequeño es intenso, casi como un tripi. En algunas habitaciones el artista no ha dejado ni un centímetro sin pintar, con colores intensos y un derroche de imaginación. Tenemos la suerte que no hay mucha gente y en la buhardilla, que hace la función de sala de proyecciones, podemos poner un corto fascinante en inglés. Salimos flotando, que experiencia tan chula.
La plaza central es del mismo estilo que la de Svitavy pero + grande, mejor cuidada y mucho + opulenta y ostentosa. Y aquí no acaba la cosa, hay un pasadizo todo repleto de obras de Vachal, un monasterio con unos jardines increíbles, un castillo Unesco, una ruta por el río que pasa por la casa natal de Smetana que es una figura en todo el país. Casi nos olvidamos del calor achicharrante que ha vuelto para quedarse, al descubrir esta ciudad apabullante y bella. Sobrepasados de tanto esplendor nos largamos a la naturaleza. En medio de campos interminables, se encuentran unas caballerizas reales Kladruby nad Labem con un bar y un spot para pasar la noche. Cargamos las pilas y descansamos.

Lamentamos profundamente no haber ido a Praga en el viaje de ida, porque el calor ahora es insoportable y parece que aumentará los próximos días. Kutna Hora, Patrimonio de la Humanidad, nos vuela la cabeza de tal manera que nos pasamos 2 días recorriéndola sin prisa, disfrutándola, saboreándola. Que sitio magnífico. Montamos el campamento en un spot muy bueno que está al lado de las piscinas y de un centro acuático. Y con el calor monumental que hace, aquello está hasta la bola de coches y de ajetreo. Nos da igual.
La lista de monumentos, museos, rutas, miradores y cosas que ver y hacer es abrumadora. Sólo callejear ya es una maravilla, calles estrechas, muchas cuestas, todas empedradas, muchos miradores, siempre muy animada. Descubrimos un museo de arte contemporáneo, el GASK que es una delicia seáis amantes o no de este tipo de arte. Recomendable 100%. Y no os olvidéis de sus iglesias, la catedral, la fuente, la columna de la peste, el museo de la plata y el del chocolate… Y en Sedlec un barrio al que se puede ir andando su famoso osario y su iglesia. Aunque a nosotros fue lo que menos nos gustó.
Y por supuesto deberéis visitar sus cervecerías y restaurantes centenarios, que son una opción muy guapa para probar la gastronomía checa a precios moderados en un espacio increíble. Muchos tienen patios interiores o terrazas panorámicas, recordad que el centro está en la cima de un pequeño montículo. Es turístico? si, pero sin agobios. Es hermosa? si, sin discusión. Nos robó el corazón? A quien no.

Nymburk es pequeña y provinciana pero está estratégicamente situada junto al río Elba que hace una especie de meandro. Es muy agradable y paseable toda la zona, otra vez lamentamos no haber traído las bicis. Hay un spot muy chulo bajo el puente. El calor es aplastante y cada vez estamos + cerca de Praga y sabemos de sobra que ciudad grande +calor+ gente= mala idea. Intentamos visitar el Paraíso Checo, la zona montañosa + turística de todo el país, pero estamos en fin de semana y a mediados de agosto y aquello está imposible.
Estamos en una encrucijada sin saber muy bien que hacer. Por lo que decidimos irnos a Praga y ver que pasa. Nos han dado varias pistas sobre parkings guapos y aunque madrugamos, todos están llenos y con listas de espera. De casualidad encontramos un aparcamiento en el Jardín Botánico y allí nos vamos sin pensarlo mucho y con un calor bestial y eso que aún son las 8 de la mañana.
Tenemos la suerte de que las hordas de guiris no madrugan y bajo un sol infernal aguantamos hasta la 1, recorriendo la ciudad sin apenas gente. Luego ocurre lo inevitable, miles de millones de gentes toman la ciudad. Decidimos montar el campamento a la sombra, en una terraza, y mientras tomamos algo, ver la vida y las multitudes pasar.
Es en esa terraza donde confirmamos que nuestra estancia por esta zona ha terminado. Que se abre otra etapa, que necesitamos otro escenario, también tranquilidad y mar, sobre todo mar. Tenemos un mono increible despues de 2 meses sin verlo. Así que mientras comemos, decidimos cruzar Alemania e ir hacia el Canal de la Mancha. Y dicho y hecho. Pleystein es la primera parada y nos sienta de maravilla. Un pueblo slow, con un área de autocaravanas junto al cementerio y unos vecinos amigables. Como nos gustan los pueblos tranquilos y bonitos!!!!

Toca conducir y nos ponemos a ello todo el día. Cruzamos casi toda Alemania y decidimos pernoctar en un área de autocaravanas que conocemos de otros viajes, situada en Schwetzingen. Las 2 veces anteriores no hemos ido hasta el pueblo que está como a una media hora andando. Y aunque estamos cansados de tanta carretera y tantas horas al volante, nos morimos por una cerveza y estirar las piernas. Encontramos varias calles peatonales y plazas con terrazas, también un castillo rosa y mucho ambiente.
Sabemos que necesitamos salitre, arena, olas pero aún no tenemos clara la ruta. Decidimos seguir por Luxemburgo y Bélgica por las autopistas gratuitas. Paramos a conocer Valenciennes que era un destino pendiente y nos gustó bastante, pero decidimos continuar ruta y pasadas las 12 de la noche llegamos a un parquin sin servicios de Coutiches perfecto para pasar la noche.
Se nos ocurren un montón de planes por esta zona de Francia, algunos conocidos, otros por descubrir. Paseamos por Douai y aprovechamos para parar en su área de autocaravanas a hacer los servicios. El mapa nos muestra las opciones y de pronto vislumbramos nuestro futuro inmediato. Ya tenemos claro donde va a comenzar la prórroga de este viaje. Será por la costa francesa, por la Cote d´Opale, pero esa es otra historia.
Para todos aquellos que no aguatéis la siguiente entrega, os dejamos una pista aquí.
