OÑA ESTÁ DE COÑA

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ÁREA DE AUTOCARAVANAS DE OÑA

Nosotros somos de flechazos. Y eso que somos dos y muy distintos. Pero enamoradizos y más cuando el sitio es una pequeña joya que aparece en nuestro camino como quien no quiere la cosa. Está claro que a veces una serie de factores influyen o ayudan a que suceda este enamoramiento repentino y arrebatador. Por ejemplo que el área de autocaravanas o el parquin o el claro del bosque donde decidamos quedarnos nos gusten, sean cómodos. Eso ya nos predispone a decir pues no está mal esto. También hay un componente que no se puede explicar muy bien. Algo intangible que flota en el ambiente, algo que después de haber viajado durante tanto tiempo por tantos sitios uno ya detecta al rato de adentrarse en el pueblo. Y además somos afortunados porque nos sucede con bastante frecuencia. Cada vez afinamos más en nuestros destinos, en nuestras rutas. Y aunque el azar sea parte importante de nuestros itinerarios, la intuición nos dice que este sitio no va con nosotros. Así que hemos desarrollado un sexto sentido para identificar lo que no nos gusta. Con el resto todo es cuestión del mítico sistema de prueba y error. En Oña la zona de aparcamiento estaba chula pegada al río, a escasos metros de una vía verde y de una ruta por el desfiladero del río Oca. Nada más salir de la autocaravana ya podíamos distinguir unas construcciones imponentes, una montaña cortada a cuchillo y mucha buena onda flotando en el ambiente. Los ingleses que habíamos conocido en Orzales tenían su ac aparcada a escasos metros de la nuestra, así que nuestros caminos se volvían a juntar.

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OÑA

Un paseo por esta preciosa villa medieval nos hizo sentir el flechazo, no en vano es conjunto histórico y eso ayuda. También su Monasterio de San Salvador y varias casas blasonadas. Sus calles empedradas, esa sensación de que todo el mundo se conoce, la facilidad de entablar conversación con los locales. Unas pequeñas compras, morcilla imprescindible y ya nos habían puesto al día sobre el pueblo, que ver y que hacer. También sobre las actividades previstas para San Juan que era al día siguiente. La presencia de los montes Obarenses y del río Oca es constante y hay un parque bastante decadente e inmenso en la parte alta de la ciudad, en la actualidad lo están remodelando pero se puede visitar igual.

Y cuando ya nos tenía medio atrapados, conocimos a su gente. El bar Janfry en la plaza Mayor, el must del pueblo hizo el resto. A estas alturas de la película a alguien se le va a pasar por la cabeza que los Vanderule dejarán de visitar un bar con este nombre tan guay y cinematográfico. Allí haciendo el aperitivo decidimos que nos quedaríamos también el día siguiente y que ese era un sitio estupendo para disfrutar de la fiesta de San Juan. Vale que no es A Coruña, con esa exaltación multitudinaria de fuego y playa, vale que la hoguera eran cuatro palés y un muñeco, pero Oña ya había hecho su magia y no había nada que hacer. Estábamos atrapados en su encanto sencillo y slow.

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PASEO DEL DESFILADERO DEL RÍO OCA

Y al día siguiente nos regaló una ruta corta pero preciosa por el desfiladero del Oca, apenas 5 km pegados al río, atravesando antiguos túneles ferroviarios y una mañana soleada e inolvidable. Y aún dudamos si bajar las bicis y darnos una vuelta por la vía verde, pero el calor y la pereza nos devolvieron al aperitivo en el Janfry. Y por la tarde sacamos los útiles de costura y nos pusimos a diseñar nuevos productos, a evolucionar algunas ideas y a descartar muchas otras. Hicimos alguna plantilla y confeccionamos un broche con forma de mariposa, reciclando restos de telas de otras creaciones y también unos marcapáginas. Somos unos visionarios y unos románticos empedernidos, hacer marcapáginas en este país…

Visitamos la casa del parque y nos perdimos entre su naturaleza variopinta y su arquitectura decadente con fosos llenos de musgos de 17 verdes distintos y esculturas y pequeños senderos en terraza que tuvieron un pasado esplendoroso. Y por la tarde visitamos alguno de los otros bares de la villa, que estaba animada como pocas veces. Muchas personas de los pueblos vecinos venían a pasar la noche de San Juan, también nos comentaron que muchas familias aprovechaban para reunirse. Vamos, lo típico durante 4 días de fiestas. Y por unas cosas y otras siempre acabábamos en el Janfry donde José Antonio Janfry su dueño nos habló con calor y entusiasmo de su pueblo, de la zona, nos regaló sugerencias y destinos que atrapamos al vuelo y nos abrió su corazón. Es un fotógrafo solvente y no hay más que mirar su insta para percatarse, además la frase que lo presenta, nada más y nada menos que de Unamuno, lo define bastante: “Hacer una fotografía no es plasmar lo que se ve, sino lo que uno se imagina”. Que grandes los 2. Compartimos mesa y gustos, está a punto de jubilarse y es amigo de las furgos y hablamos de sueños e ilusiones y contamos vivencias entre cervezas. Sabemos con una certeza casi mística que nos volveremos a encontrar en la carretera o en Oña o en el Janfry, el destino o el guionista se encargarán de ello. De la hoguera vimos las ascuas y al aspirar el humo nos trasladamos por un momento a A Coruña, donde las nuevas generaciones de Vanderule han cogido el testigo y estarán dándolo todo como debe ser.

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RUTA DE LAS PASARELAS DE LOS HOCINOS

Y ahora cuando estamos revisando las fotos y la lista de sitios visitados nos damos cuenta que nos hemos saltado uno, otra vez vuelve a pasar. Si es que estos Vanderule no son serios. Ya sabíais a lo que veníais. Y además un comienzo tan logrado con lo del flechazo y todo eso, es demasiado chulo para ponerlo en segundo plano. Así que como quien no quiere la cosa en una especie de flashback alucinante debemos deciros que un poco antes de Oña hicimos una ruta muy chula, que forma parte del Camino Natural del Ebro. Es el llamado desfiladero de los Hocinos, también conocida como la ruta de las pasarelas de los Hocinos. Lo de las pasarelas un poco pillado por los pelos, bien en plan marketing o clickbait. Hemos visitado y recorrido muchas rutas con pasarelas en distintos países y podemos asegurar que esta es la que menos pasarelas tiene, 3 concretamente. Que fracaso, pensarán algunos, la de Alquezar, las del río Mao, las del Paiva, blablabla. Vale que en cuestión de cantidad y calidad de pasarelas no puede competir. Pero os garantizamos que es una ruta muy chula, adecuada para familias con niños, para vagos redomados que quieran chute de naturaleza sin sudar la camiseta, gente con poco tiempo o amantes de las fotos chulas. El recorrido va pegado al Ebro, con distintos tipos de terreno, casi todo el rato llano y una tranquilidad absoluta. El ruido del agua, los pájaros, los coquetos senderos hacen el resto y enamoran a cualquiera con un mínimo de sensibilidad. Uno que pasaba por allí de las pocas personas con las que nos cruzamos nos habló de El Remolino, una zona donde el río se ensancha y se juntan dos pequeños ramales y hace un pequeño revoltijo de agua, tampoco penséis algo estilo blockbuster con Will Smith. Se encuentra a 5 km y así se alarga un poco la ruta de las pasarelas que se nos hacía un poco corta. 10 km de belleza y pura naturaleza salvaje que molan bastante. Inconvenientes pues varios para autocaravanas, cómo no, pero fácilmente solucionables. Al comienzo hay un pequeño aparcamiento para 5 o 6 coches incluso para furgos y en la entrada también es posible aparcar. Nosotros lo hicimos pegados al puente en un arcén por motivos técnicos, por no liarla parda metiéndonos donde no nos llaman. El acceso se encuentra cerca del pueblo de Valdenoceda una preciosidad minúscula con un área para autocaravanas increíble, para enmarcar frente a una iglesia alucinante, en un campo. Y a punto estuvimos de quedarnos, de pasar el día tranquilamente cosiendo un poco y viendo la vida pasar, pero vete a saber qué tontería o qué maquinación del guionista hizo que dejásemos aquella maravilla para otra ocasión y pusiéramos rumbo a Oña. Si es que la van life tiene estas cosas.

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CASAS COLGANTES DE FRÍAS

Con algo de resaca sanjuanera y un poco a paso de tortuga, es el precio que se tiene que pagar cuando se vive la noche peligrosamente, nos dirigimos a varias de las sugerencias de nuestro colega Janfry. Y nos dejamos caer por Frías otro pueblo o villa con encanto y millones de premios y tropecientas mil fotos desde todos los ángulos en redes sociales. Y nos encantó, porque aunque es muy turística y visitada por hordas de japoneses y guiris de distinto pelaje, esta mañana se encontraba un poco como nosotros, adormilada por lo acontecida la noche anterior. Así que el guionista nos regaló una visita casi en solitario por sus cuestas empedradas, sus casas colgantes, su castillo, las vistas del valle desde sus miradores, su belleza clásica y para todos los gustos, su despertar remolón con apertura de las persianas de los bares y la aparición cuando nosotros ya nos íbamos de los primeros turistas. Para todos aquellos furgoneteros tiene un área muy chula por 6 euros.

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FRÍAS

Pero nosotros teníamos otros planes, una lista de destinos que teníamos que tachar. Y a apenas un par de kilómetros nos fuimos a Tobera. Y como aún no nos habíamos repuesto del impacto de Frías, todo lo acontecido a continuación nos obligó a ponernos la pila y a entrar en acción. Aparcamos debajo de la Ermita medieval de Santa María de la Hoz encajada entre la roca en la entrada de un desfiladero, el del río Molinar. Puro éxtasis visual. Y eso era el aperitivo. Una ruta siguiendo el curso del río deambulando por estrechos pasillos y pasarelas, de hecho se recomienda hacer la ruta en un sentido concreto para evitar los cruces con gente, porque hay roce seguro y el roce hace el cariño y…

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ERMITA DE SANTA MARÍA DE LA HOZ

Subes, bajas y a tu paso van apareciendo cascadas, ojo no son las del Niagara, y pequeños miradores para contemplarlas, todo esto dentro de un pueblo pequeño con varios restaurantes y una treintena de casas. Algo muy bonito y aunque el paseo es relativamente corto está muy bien pensado el itinerario. Tampoco había mucha gente con lo que es posible sacar fotos y buscar el momento zen ese tan placentero en el que el sonido del agua fluyendo te abstrae de la realidad. Perdone, se puede mover que me sale en la foto. Ommmmmmm.

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RUTA URBANA DE LAS CASCADAS DE TOBERA

Desde luego este pequeño pueblo pasa a formar parte del top ten del viaje o del top mil o del que sea, aún desconocemos que nos tiene reservado el guionista. Y pardillos de nosotros, cuando nos creíamos felices después de Frías y Tobera, cuando pensábamos que ya habíamos besado las mieles de una jornada redonda, apareció un tramo de carretera increíblemente arrebatador, esta zona se conoce como el Ebro escondido porque este aparece y desparece y la carretera no va todo el rato a su vera. Es justo cuando la carretera pasa de pertenecer a Burgos y se convierte en alavesa. Es un tramo que transcurre entre cañones, con el Ebro imponente, entre túneles en una carretera estrecha pero con varios aparcamientos en el arcén para parar un rato y contemplar aquel escándalo de naturaleza. Nos dirigimos lentos hacia el embalse de Sobrón, muy lentos como queriendo disfrutar aquel regalo, la guinda del pastel de aquella mañana mágica.

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HACIA EL EMBALSE DE SOBRÓN

Y aunque paramos y sacamos fotos, no existe aún cámara que atrape y haga justicia a tanta belleza. Recomendable no, lo siguiente. Imprescindible, deja de hacer todo lo que tengas entre manos y vente para Sobrón. O anótalo en la lista de lugares imprescindibles de la próxima década. Te prometemos que no os decepcionará. Y aún flipando, medio excitados decidimos parar en Miranda de Ebro, que ya se encargó de volvernos a poner los pies en el suelo.