OTRA OLA QUE NO MOLA

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LA ROCHE DERRIEN

Han pasado 8 meses desde la última entrega en este espacio que nació con la intención de ser una especie de cuaderno de bitácora donde registrar nuestros viajes y mostrar un poco nuestro día a día on the road. Y es que resulta muy complicado darle forma a todo lo que queremos montar y hemos de reconocer que las circunstancias nos han superado y hemos pecado de optimistas una vez más. Nosotros tenemos nuestros ritmos y hemos aprendido el mantra magrebí de “prisa mata” hace tiempo y lo aplicamos a todo o casi, tal cual. Pero eso no quita que no nos guste acabar lo que empezamos. Y la narración de este viaje empezó hace mucho y es justo que termine. Y esto nos sirve para retomarlo donde lo dejamos, en el cruce de caminos donde decidimos olvidarnos de Alemania por varios motivos, ya habíamos estado hacía poco, hacía un calor infernal para un gallego medio y en el 2022 tuvimos que regresar de manera precipitada a A Coruña sin finalizar el viaje que estábamos haciendo. Así que como ya sabréis que nos gusta acabar lo que empezamos decidimos volver a Bretaña, mil veces visitada y donde nos movemos como peces en el agua. Y en vez de volver a Lamballe donde lo habíamos dejado el año anterior, optamos por irnos hacia la costa a toda prisa y cruzar los dedos para que acabase la maldita ola de calor que estaba friendo a media Europa.

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SAINT-NAZAIRE

Qué mejor destino que Saint Nazaire una de nuestras ciudades favoritas del mundo mundial y donde el calor aplastante pareció darnos un respiro durante unos días. Así que tuvimos playa, paseos por las terrazas del Petit Maroc siempre muy animadas y algo canallas. Y pudimos perdernos por el multicultural barrio de Plenhoet haciendo una ruta de grafitis e incluso salir un poco de rumba nocturna. Y esta aparente bajada de temperaturas nos animó a seguir la sugerencia de un vecino de aparcamiento e irnos a Pontchateau en pleno Parque Natural de la Brière y allí, en un área bajo la frondosidad del bosque intentar coser un poco. Cada día recibíamos noticias de amigos y conocidos, viajeros como nosotros, cada uno en una punta de Europa y todos derretidos y desconcertados por otra ola que no mola. Conocíamos a través de las redes sociales, sus cambios de planes cada 2 x 3, todo el mundo había enfilado hacia el norte, independientemente de donde se encontrara. Y nosotros no eramos ajenos a que esto se produce cada vez más a menudo y que sólo hay un culpable. Llevamos ya bastantes años sufriendolo en nuestras carnes. En fin… Nos olvidamos de trabajar y durante una semana deambulamos de aquí para allá buscando el refugio de los bosques y el alivio de las playas.

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PONTCHATEAU

Y nos dejamos caer por Loctudy en busca de playas amables y ambiente slow. Y cogimos el barco para pasar el día en Ile-Tudy moviéndonos morosos hacia sus largas playas repletas de pinos y donde uno vuelve con facilidad a la infancia, a aquellas tardes eternas de verano. Y ya de vuelta una cerveza en el puerto con aquellas vistas y sin prisa alguna, viendo los cortos traslados de los barcos repletos de veraneantes de un lado a otro del canal, disfrutando del fin de otro día increíble. Y después llegó Penmarch otro paraíso slow desconocido para turistas y donde hemos fantaseado más de una vez con irnos a vivir o pasar una larga temporada. Dedicábamos las mañanas a pasear hasta el infinito y más allá por la Plage de la Torche buscando el alivio del mar y la calma de su belleza serena y rotunda. Y por la tarde volvíamos al pueblo, a los bares, a refrescarnos y a intentar olvidar un calor que no se iba y que era el tema de conversación con todos los parroquianos, que no se habían visto en otra así desde hacía años. Incluso el guionista que nos debió de ver bajos de moral, nos regaló una tarde que íbamos hasta el imponente faro de Eckmuhl, un Fest Noz espectacular, una especie de romería donde no nos sentimos extraños por la proximidad cultural de Galicia y Bretaña. Y donde compartimos bailes populares y música celta, salchichas y sardinas, sidra artesanal y un atardecer inolvidable.

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PLAGE DE LA TORCHE

Y como a grandes males, grandes remedios, y el calor aplatanante no daba tregua, decidimos poner tierra de por medio y refugiarnos en otro paraíso terrenal llamado la Plage des 3 Moutons, de donde no nos pensábamos mover hasta que remitiese aquella ola interminable o se nos acabasen las provisiones. En esta zona no se puede más que pasear, contemplar el paisaje y olvidarse de que el mundo existe. Y eso hicimos. Y como el calor se mostraba inclemente nos decidimos a avanzar poco a poco, siempre pegados a la línea de costa y descubriendo playas y calas solitarias por nuestro querido departamento de Finistère.

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PLAGE DES 3 MOUTONS

Habíamos descartado por completo coser o hacer cualquier actividad que supusiera un esfuerzo innecesario tal era nuestro estado de gallegos al grill y ahora nuestros esfuerzos se centraban en donde celebrar el cumple de Busa. Y cansados de tanta playa, del protector 50 y de semana y media de monástica reclusión en la naturaleza decidimos ir calentando motores para la celebración y sin importarnos la predicción metereológica que hacía días que ya no mirábamos, pusimos rumbo al increíble Saint-Thegonnec. Un pueblo minúsculo con un área de autocaravanas estupenda, un recinto parroquial de desmayo y cuatro bares, pero donde somos felices siempre que vamos. Y nos refugiamos en el Bar des Sports donde mezclarnos con los locales siempre es una experiencia grata y para nosotros visita obligada si andamos por la zona. Allí nos comentaron que Macron acababa de publicar una ley de manera exprés contra el cambio climático, los incendios forestales y 326 medidas +, ante el clamor del populacho que no se había visto en una similar ni de vacaciones en Argelia.

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SAINT-THEGONNEC

Y ya en el departamento de Côtes de Armor, deambulamos por la zona a ver si aquel castigo divino era más llevadero en la ciudad que por la costa. El resultado fue el esperado, empate técnico y a sudar como pollos otra semana. Fuimos incapaces de disfrutar destinos tan chulos como Quintin una hermosa ciudad medieval con área de acs y con dos castillos, su palacete, su pequeño lago y su reposada belleza provinciana. Aquello era peor que Córdoba en agosto. Y en Guingamp otra maravilla slow con varias opciones para pernoctar, pasamos un triste domingo, en Francia los domingos son un páramo, buscando sombras para ir de una terraza a otra, hasta que descubrimos un oasis con toldo en una esquina donde corría la única brisa que había por la zona y allí nos quedamos a rumiar nuestras penas y de paso tomar unas cervecitas heladas.

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QUINTIN

El calor era tan insoportable que nos anulaba por completo y entonces cambiamos de estrategia al comprobar con terror que la predicción a 15 días no dejaba lugar a dudas, el horno se convertía en crematorio. Y en estos momentos de crisis profunda, de indefensión máxima ante los elementos es cuando tenemos que tirar de recursos, de conocimientos de la zona y trazar un plan lo más preciso posible porque de ello dependería nuestra supervivencia. Después de contemplar, analizar, discutir y valorar varias opciones apostamos todas nuestras fichas a La Roche-Derrien donde pasamos tres interminables días bajo el toldo y sin apenas movernos hasta las 9 de la noche que era cuando aquello se convertía en algo mínimamente habitable. Así que fueron días de pelis y series, de lectura, de inventar cócteles refrescantes y de rezar para que aquella tortura cesara de una vez. Nos centrábamos en las noches y en el amanecer, aprovechando para hacer alguna ruta pegados al río o ir hasta el pueblo de al lado, incluso tuvimos ocasión de descubrir una variante muy chula de un sendero ya conocido. El resto del día, un desierto implacable donde cada esfuerzo era castigado con una tonelada de sudor. Dentro de lo malo un 8 en supervivencia caravanera.

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LA ROCHE DERRIEN

Como el destino daba ya un poco igual decidimos aventurarnos a algunos pueblos que teníamos pendientes y donde había ríos refrescantes o bosques acogedores y acabamos en Plouaret donde para nuestra sorpresa aquello dio una pequeña tregua y cosimos unos broches mariposa e incluso echamos unos tiros en la pista de baloncesto próxima al área de autocaravanas. Y aún sin haber decidido donde celebrar el cumple al día siguiente, acabamos de rebote no recordamos muy bien porqué en Chatelaudren o mejor dicho en un área de autocaravanas en el pueblo de al lado. Y como ya habíamos desarrollado una especie de defensa natural al calor, nos resignábamos a sudar 24/7, nos lanzamos a recorrer los 3 km que nos separaban de una increíble sorpresa que el destino nos tenía reservada, un paraíso celestial en forma de Cervecería artesanal La Riposte. No podíamos pedir más. Un local gigante, donde elaboraban sus creaciones y se hacían conciertos, fresco a más no poder y una pareja amigable con la que no nos costó mucho entablar conversación. Y lo siguiente pues ya se sabe, nos probamos toda la carta 5 o 6 modelos, con las enciclopédicas explicaciones de sus orgullosos creadores y nos pasamos unas horas de risas cambiando puntuaciones y valoraciones a medida que probábamos la siguiente. Y por supuesto que ocurrió lo inevitable, lo que siempre ocurre en estos casos. Resacón padre y cumple en Lannion al día siguiente, pero eso comprenderéis que es otra historia.

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CERVECERIA LA RIPOSTE